Finalista al Premio Moriarty 2003

Gary Ridgway, un hombre con aspiraciones

Esther. Gary Ridgway tenía una meta en la vida: "Matar al mayor número posible de prostitutas". Sentía un cierto odio hacia este colectivo pero, sobre todo, lo que le movía era el deseo de disfrutar de sus servicios sin pagar.
Según su confesión, antes de iniciar su carrera criminal analizó la trayectoria de otros asesinos en serie. A raíz de esta labor de documentación, llegó a la conclusión de que lo más sencillo era matar a prostitutas, porque eran presas fáciles de atraer sin despertar sospechas. Además, sus familiares tardaban más tiempo en denunciar la desaparición y, en algunos casos, ni lo llegaban a hacer.

Ridgway, juzgado en 2003
El Asesino del Río Verde empezó a matar en 1982. Tenía 33 años y acababa de divorciarse por segunda vez.
A finales de 1984, en tan solo dos años y unos meses, ya había asesinado a 42 mujeres. Los primeros cadáveres aparecieron en el Río Verde y el resto en diversos puntos cercanos a la autopista 99. Solía abandonar los cuerpos, desnudos y mutilados, desperdigados por el oeste de Washington. Dejaba una señal para recordar los lugares donde iba amontonando los cadáveres y después hacía recorridos en coche por todas las zonas donde estaban sus montoncitos de cuerpos, para regocijarse en el recuerdo de sus crímenes.
La mayoría de sus víctimas, prostitutas, chicas que se habían escapado de casa y drogadictas, fueron vistas por última vez en la zona de bares de la autopista 99 cercana al aeropuerto internacional de Seattle- Tacoma.
Su arresto, en noviembre de 2001, supuso el fin de la investigación criminal más larga de Estados Unidos. Los investigadores descubrieron que el ADN del esperma encontrado en tres de sus primeras víctimas coincidía con él de una muestra de saliva que le habían tomado en 1987.

El eterno sospechoso
Durante años, Ridgway formó parte de la lista de sospechosos, entre otras cosas, porque algunas prostitutas le denunciaron por intentar dejarlas inconscientes. Ante estas acusaciones, el asesino del Río Verde alegó haberlas atacado porque le habían hecho daño durante la práctica de sexo oral.
En 1984 pasó la prueba del polígrafo y en 1986 se negó a someterse a una segunda prueba. Ese mismo año declaró al FBI que llevaba 18 meses sin mantener relaciones con prostitutas porque le habían contagiado enfermedades venéreas al menos en quince ocasiones. Este punto podría ser cierto, ya que en la Marina le diagnosticaron gonorrea y una de sus novias le dejó por contagiarle un herpes genital.
En diciembre de 2003 fue condenado a cadena perpetua y a pagar una multa de 480.000 dólares USA. Consiguió librarse de la pena de muerte al ofrecerse a desvelar dónde estaban los cadáveres que todavía no habían aparecido.

Ridgway versus Bundy
A pesar de su fructífera carrera criminal, Gary Ridgway no despierta muchas pasiones entre los seguidores de los asesinos en serie. (En Estados Unidos tienen club de fans y se ha llegado a comercializar una colección de cromos con los más famosos).
Esa búsqueda de la presa fácil y su monotonía delictiva es lo que, probablemente, le ha restado popularidad. De hecho, uno de los datos más interesantes de la biografía de Ridgway es su relación con Ted Bundy, uno de los asesinos en serie que sí tienen club de fans. Bundy colaboró con los investigadores del caso en 1985, mientras estaba encarcelado. Al estilo de El Silencio de los Corderos, pero unos cuantos años antes. A raíz de esta colaboración se publicó el libro: «El hombre del río: Ted Bundy y yo a la caza del Asesino del Río Verde» en 1995. Algunos creen que Bundy ofreció su asistencia por celos: él 'sólo' se había cargado a 23 mujeres y el asesino del río mató casi al doble en tan solo dos años.

Bundy colaboró en las investigaciones

Aunque menos prolífico, Ted Bundy sigue teniendo muchos más seguidores. Era un tipo educado y seductor, que se fugó dos veces de la cárcel y que ingresó en la facultad de Derecho, gracias a una recomendación firmada por el Gobernador de Washington. Mientras que Gary Ridgway es un pintor de camiones, no muy agraciado, que fue expulsado de la Marina.
Bundy atrapaba a sus víctimas, la mayoría universitarias con el pelo liso y la raya al medio, sin usar la violencia. Una de sus estratagemas favoritas consistía en vendarse o escayolarse el brazo y pedir ayuda a las chicas para meter unos libros en el maletero (cuando estaba en el Campus Universitario) o para sacar la barca del coche (cuando estaba en un lago). Esta táctica, en su modalidad brazo lesionado y mueble, también aparece en el Silencio de los Corderos.
Por su parte, la táctica predatoria de Ridgway consistía simplemente en contratar prostitutas.
Bundy se fugó dos veces de la cárcel y, mientras estaba a la espera de ser ejecutado, se seguía mostrando como un tipo presuntuoso, al hablar de sus fans y seguidores que tanto le apreciaban. Y El Asesino del Río Verde se pone a llorar en su primer juicio.

Récord criminal
Tras confesar haber matado a 48 mujeres, Ridgway se ha convertido en el mayor asesino en serie de la historia moderna de Estados Unidos. Este récord ha sido reconocido tanto por las autoridades, como por los medios de comunicación, lo que demuestra que nadie llegó a creerse lo de Henry Lee Lucas. Hasta hace poco, los norteamericanos consideraban a Lucas (quizás movidos por su afán de ser los más importantes en todo) como el mayor asesino en serie de Estados Unidos y del mundo, con unos 200 crímenes.
Lucas llegó a confesar un millar, tras su detención en 1983. Los policías de todos los estados estaban encantados de poder librarse de los casos que llevaban años sin resolver, y Henry Lee Lucas no quería contrariarles. Se convirtió en una estrella: entrevistas, libros, dinero, trajes, tele en color... Pero sus crímenes eran irrealizables: mientras estaba viviendo en Florida y entregando talones de pago semanales, se suponía que había cometido 46 asesinatos en dieciséis estados diferentes. Además, las descripciones que daba del lugar del delito no coincidían. De hecho, en el Corredor de la Muerte se retractó de todos los asesinatos, salvo del de su madre, por el que ya había cumplido condena.

Con el reconocimiento de este récord, los asesinos en serie norteamericanos siguen por debajo de sus colegas de otros países, como el británico Doctor Shipman que mató a 218 pacientes, el pakistaní Javed Iqbal que se cargó a 100 niños y adolescentes o el ruso Chikatilo que mató a 53 mujeres y niños.


El doctor Wang, Premio Moriarty 2003


 

 





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